Natalia de la Sota ha logrado reunir a una masa crítica de peronistas dispuestos a desafiar la estructura oficial

En un momento en que se avecina la gran contienda política de Córdoba, Natalia de la Sota, hija del exgobernador José Manuel de la Sota, ha logrado reunir a una masa crítica de peronistas dispuestos a desafiar la estructura oficial y liderada por Juan Schiaretti. Sin embargo, algunos militantes de este sector consideran que Natalia no puede limitarse a hablar solo de asuntos nacionales sin pararse en el tablero local. Según ellos, definirse en Córdoba es una condición indispensable para que no sean solo los dirigentes locales quienes puedan jugar.

La construcción de Axel Kicillof, ya claramente enfocado en armado una estructura nacional capaz de soportar su candidatura presidencial, puede acelerar este proceso. Algunos peronistas con domicilio en El Panal no parecen preocupados por la construcción de Defendamos Córdoba, ya que solo pueden creerla si hay una estructura territorial que pueda plantear una amenaza real de ruptura en las elecciones provinciales.

La disyuntiva es clara: o hay una construcción real, que plantea una amenaza real, y que se convierte en la referencia de un peronismo nacional abiertamente opositor a Javier Milei en Córdoba; o hay una quietud que solo puede emparentarse con la ilusión de reeditar, con Llaryora, la sociedad que otrora tuvieron Schiaretti y De la Sota.

En este sentido, algunos consultores le habían recomendado a Carolina Scotto en la campaña de 2013: «hablemos de Córdoba». Entienden que, para construir una identidad diferenciada, para constituir un poder que tenga referencias territoriales y dirigenciales y que les permita participar en las contiendas de la democracia, hace falta hablar de lo que pasa en cada una de las regiones de Córdoba, del interior y de la capital. De lo contrario, su proyecto podría quedar reducido al de otros peronistas disidentes que nunca terminaron de ser vistos como más que socios silencios del Centro Cívico, o variables de ajuste para acuerdos de cúpula entre el kirchnerismo y el Gobierno de Córdoba.

En resumen, la lucha por el poder territorial en Córdoba es un asunto complejo que requiere una construcción real y sostenible. Lo único que vale son los votos, y los votos están en el territorio. Ese es, casualmente, el motivo por el cual los peronistas con domicilio en El Panal no parecen demasiado preocupados por la construcción de Defendamos Córdoba. No terminan de creerla, ni lo harán si no hay una estructura territorial que pueda plantear una amenaza real de ruptura en las elecciones provinciales.