En el corazón del Valle de Punilla, la localidad de Casa Grande se encuentra rodeada por bosques secos y fuertes vientos que pueden desencadenar catástrofes ambientales. En este contexto, la Comuna ha aprobado la Resolución de Comisión Nº 0013/2025 para el año 2026, que establece sanciones severas para proteger los recursos naturales y garantizar el suministro de agua corriente en un entorno donde la escasez es una realidad crítica.
La nueva normativa impone multas importantes por prácticas que pueden desencadenar incendios forestales, como hacer fuego en lugares no permitidos o incinerar residuos en la vía pública o propiedad privada. Según el Artículo 61°, inciso 1-30, esta conducta conllevará una multa de $262.000,00. La intención es frenar estas prácticas que podrían tener consecuencias graves para la comunidad.
Además, el control sobre el consumo de agua corriente se ha vuelto drástico debido a la crisis hídrica que afecta a la región. Según el Artículo 61°, inciso 1-19, el uso irracional o excesivo de agua cuando se ha declarado la emergencia hídrica conllevará multas de hasta $360.000,00. Otros consumos suntuarios o negligentes también recibirán castigos pesados.
Para las autoridades, estas sanciones no son meramente recaudatorios, sino una herramienta de supervivencia para garantizar que el recurso llegue a todos los hogares en una zona donde la infraestructura hídrica se ve exigida al máximo por el clima y el crecimiento poblacional. Sin embargo, el mecanismo de castigo ante la reincidencia, que establece que las multas se duplicarán en progresión geométrica en casos sucesivos, es lo que genera mayor incertidumbre y cuestionamiento por parte de los vecinos.
El desafío para la administración de Casa Grande en 2026 será demostrar que esta severidad tiene un fin pedagógico y de preservación, y no uno meramente fiscalista. La comunidad observa con atención si estos fondos se traducirán en mejores políticas de prevención de incendios y obras para mitigar la sequía. En última instancia, la nueva normativa plantea una realidad cruda: en un entorno vulnerable como Punilla, el descuido ambiental tiene un precio altísimo, pero el riesgo para el vecino es que ese precio termine siendo una barrera infranqueable que asfixie la economía familiar tanto como el humo o la sequía asfixian al paisaje serrano.


