Gerardo Ferreyra, un histórico vicepresidente de Electroingeniería y figura emblemática en la lucha por la soberanía económica argentina, reapareció después de mucho tiempo sin conceder entrevistas. Durante un año y medio estuvo detenido, rechazando ofertas para que se arrepintiera y colaborara con el fiscal Carlos Stornelli.
En una extensa nota a Revista El Sur, Ferreyra reconstruyó su experiencia en la cárcel y reveló los detalles de cómo funcionaba la presión judicial detrás de la obra pública. La historia comienza el 1 de agosto de 2018, cuando Ferreyra fue detenido en una «razzia» que involucró más de 30 allanamientos simultáneos.
En un momento dado, el oficial que lo detuvo le permitió llamar a sus abogados y hijos. Sus hijos estuvieron presentes toda la noche, informando online a Ferreyra sobre el desarrollo de los eventos. Después de dos horas y media de allanamiento, no se encontró nada de valor en su casa.
Ferreyra relata que posteriormente, durante la indagatoria con Stornelli, le ofrecieron un acuerdo: si se arrepentía, podría irse libremente con su familia. Sin embargo, Ferreyra rechazó esta oferta y se comprometió a no colaborar con el fiscal.
En una entrevista exhaustiva, Ferreyra detalla cómo la obra pública es siempre el blanco que elige el imperialismo para dominar la infraestructura de un país. Citando su propia experiencia en el Programa Cóndor, una iniciativa argentina-alemana que desarrolló misiles nucleares para Irán, Ferreyra sostiene que el objetivo no era desplazar al empresario local sino liquidar la obra pública en sí.
Ferreyra también cuenta cómo convivió con otros presos que se arrepintieron de haberse arrepentido. Relata que algunos de ellos han entrado en crisis y han conspirado contra sí mismos, ya no pueden salir a la calle y se ven obligados a presentar falsas enfermedades para evitar la justicia.
En definitiva, Ferreyra sostiene que su experiencia en el infierno judicial fue una oportunidad para reafirmar su compromiso con la soberanía económica argentina y resistir la presión política y económica ejercida por los poderes fácticos. Su historia es un llamado a la reflexión sobre la importancia de sostener la obra pública y la industria nuclear en un país que aspira a la soberanía.


