En un giro inédito, el ministro de Economía de la Nación, Luis Caputo, se convirtió ayer en jefe de campaña de facto del presidente Mauricio Macri, al pronosticar un crecimiento económico feroz y aseverar que Milei ganará por paliza en primera vuelta las elecciones presidenciales. Sin embargo, esta declaración no es más que la punta del iceberg de una paradoja política y económica que envuelve al gobierno y que pone en jaque el plan económico de Milei.
Por un lado, el gobierno necesita que el mileísmo continúe gobernando para que arranque la economía y afiance el programa mileísta. Pero por otro lado, la reactivación económica puede frenarse si se agitan demasiado las banderas de la política. De ahí que Caputo esté atrapado en una paradoja: necesita que Milei continúe gobernando para arrancar la economía, pero también necesita que la economía arranque para afianzar el programa mileísta.
La paradoja se vuelve aún más compleja cuando Kicillof también esté atrapado en su propia paradoja. Necesita que Milei no sea el caos K, pero al mismo tiempo le conviene que estalle la política y que el plan económico de Milei se derrumbe para poder decir: «Vieron? Yo les dije». Esto explica por qué Caputo está prácticamente como jefe de campaña de Milei y dice que las elecciones se están jugando ahora, aunque en realidad no serán hasta 2027.
La situación es delicada y pone en jaque el futuro económico del país. La economía necesita arrancar para que las encuestas le vuelvan a sonreír a Milei y la sociedad argentina piense que se asienta su plan, pero Caputo está atrapado en una paradoja que no puede resolver solo. Es un salvavidas de plomo que pone en jaque el plan económico del gobierno y que compromete el futuro del país.
En definitiva, la paradoja del crecimiento económico es un tema que nos ocupa a todos y que requiere una reflexión profunda sobre las políticas económicas y los planes de gobierno. ¿Quién tiene derecho a decir qué es lo mejor para este país? ¡Solo el tiempo lo dirá!


