La justicia federal argentina vive un momento crítico. En los últimos meses, las causas por corrupción contra miembros del gobierno y funcionarios oficialistas han ganado velocidad, y el oficialismo no cuenta con una estrategia clara para defenderse. El caso Adorni es el epicentro de la tormenta judicial que azota al poder ejecutivo. La supuesta compra irregular de propiedades y la cripto estafa Libra, en manos del jefe de Gabinete, Javier Milei, y su hermana Karina, secretaria general de la Presidencia, son solo dos de los expedientes que avanzan con rapidez.
La designación de Juan Bautista Mahiques como ministro de Justicia el 5 de marzo parecía un intento para contener el avance de las causas. Sin embargo, el «AdorniGate» desató una tormenta política y judicial que no se detiene. La Corte Suprema presentó un plan para transparentar los concursos para seleccionar jueces, lo que ha generado tensiones entre los magistrados.
En el corazón del máximo tribunal, la disputa es particularmente intensa. El presidente de la Corte, Horacio Rosatti, se enfrenta a una lucha abierta con sus colegas Carlos Rosenkrantz y Ricardo Lorenzetti, lo que puede terminar con su salida de la presidencia de la Corte. La selección de jueces es un tema clave en este contexto, ya que los actores políticos buscan influir en el poder judicial federal de los próximos años.
La justicia federal se vuelve cada vez más política, y la percepción de que la Corte Suprema no está exenta de influencias externas puede generar inquietud en el oficialismo. El doctor en Derecho Alberto Binder analiza que estamos ante «una disputa por la cooptación mafiosa del Poder Judicial» y advierte que se creó un paquete grande de cargos judiciales para hacer una negociación política de alto nivel.
La directora de Management & Fit, Lara Goyburu, argumenta que los fallos judiciales adversos al gobierno pueden ser el resultado de jueces que anticipan el cambio y comienzan a fallar en contra del poder ejecutivo. En este escenario complejo, la justicia federal argentina es cada vez más un verdadero escenario político.


