La provincia de Córdoba se convirtió en el escenario político más importante del país el pasado fin de semana, cuando el denominado «peronismo federal» lanzó su movimiento en Parque Norte. Aunque el gobernador Martín Llaryora evitó cualquier posicionamiento explícito, su entorno admite que el espacio es observado con atención y se considera una señal política alineada con el recorrido que el peronismo cordobés viene construyendo desde hace años.
La lectura prudente es que no hay definiciones orgánicas ni participación institucional directa, pero sí un interés concreto en la evolución de un espacio que intenta reorganizar al peronismo por fuera del eje bonaerense, donde se mantiene una dura disputa entre kirchneristas y dirigentes ligados al gobernador Axel Kicillof. Más de 30 jefes comunales de la provincia formaron parte del lanzamiento, lo que marca un primer nivel de involucramiento territorial, aunque todavía sin una traducción política más estructurada.
La intendenta de Santa Eufemia, Gisela Barrionuevo, sostuvo que «nuestro peronismo es muy particular, pero nuestro movimiento ha sabido mutar, ha sabido reinventarse. Tenemos un peronismo ecléctico, que ha sabido sumar variantes para sobrevivir en una provincia que no es fácil, pero que necesita de esta reconversión del peronismo».
La valoración del espacio por ahora es más conceptual que orgánica. «Todo lo que no sea kirchnerista dentro del peronismo nos parece interesante», sintetizan en el entorno de Llaryora, donde remarcan que la Argentina sigue sin construir una alternativa sólida tanto al kirchnerismo como al actual gobierno de Javier Milei.
La coincidencia más clara con el nuevo armado aparece en el plano programático. Desde Córdoba destacan que el planteo de combinar orden fiscal con una agenda productiva y una mirada federal de la economía es consistente con la línea que la provincia sostiene desde hace años. Ese equilibrio -disciplina macroeconómica con desarrollo- es, para el llaryorismo, una condición indispensable para cualquier alternativa nacional que pretenda ser competitiva y sostenible en el tiempo.
Sin embargo, desde el oficialismo provincial se encargaron de marcar algunos límites. La estrategia es evitar movimientos apresurados en un escenario político que todavía consideran inestable. «No hay nada concreto», repiten, al tiempo que subrayan que no habrá anuncios ni definiciones públicas en el corto plazo.
En definitiva, Córdoba vuelve a aparecer como un actor con potencial incidencia en la construcción de una alternativa política nacional. El desafío es transformar esa experiencia en poder político real dentro de una construcción nacional que, por ahora, carece de conducción clara y estructura consolidada.

