El optimismo oficial sobre la campaña agrícola 2025/26 se enfrenta a una realidad incómoda

Aunque el volumen de producción puede ser récord, la rentabilidad es un tema diferente. Un informe de la Fundación Mediterránea, firmado por Juan Manuel Garzón y Franco Artusso, revela que la producción de granos no siempre traduce en rentabilidad. El maíz podría alcanzar un récord histórico de 67 millones de toneladas, mientras que la soja se mantendría en torno a los 48 millones. Sin embargo, cuando se mira la rentabilidad por hectárea, el cuadro cambia drásticamente.

En el primer trimestre de 2026, los números empezaron a deteriorarse. Los ingresos cayeron en términos reales, empujados por la baja del precio del maíz, mientras que los costos -especialmente el gasoil y los fertilizantes- subieron entre 6% y 8%. El resultado: «margenes en retroceso después de una recuperación parcial durante 2025». Es un escenario que relativiza el optimismo oficial. La rentabilidad por hectárea es la clave para entender la realidad del agro argentino.

En la zona extrapampeana, los productores que alquilan campos directamente operan a pérdida: -78 dólares por hectárea. En la zona núcleo, el corazón productivo del país, los arrendatarios apenas raspan el equilibrio con margenes de 26 dólares. Solo los propietarios logran sostener números positivos. Es un escenario que incomoda al relato libertario.

La estructura impositiva también es clave para entender la dinámica del agro argentino. En los últimos doce meses, el Estado se quedó con el 55% del excedente económico en la zona núcleo y con el 76% en la extrapampeana. Es un escenario que incomoda al relato oficial.

La conclusión es menos épica que el relato oficial. La campaña 2025/26 puede ser récord en volumen, pero no necesariamente en rentabilidad. Y eso tiene implicaciones políticas y económicas. Para el Gobierno, el agro sigue siendo una fuente clave de dólares en un contexto de fragilidad externa. Pero si los margenes siguen comprimidos, la capacidad de reinversión del sector se reduce, y con ella, el potencial de crecimiento futuro.

En el fondo, el modelo enfrenta una tensión clásica de la economía argentina: la necesidad fiscal versus la competitividad productiva. Por ahora, la balanza sigue inclinándose hacia el primer lado. La pregunta que empieza a circular en el mercado es si el «veranito» de la cosecha récord alcanzará para tapar ese desequilibrio. O si, por el contrario, terminará exponiéndolo con más crudeza.