La crisis política que rodea al ex vocero del Gabinete, Manuel Adorni, ha alcanzado un punto crítico. Después de más de un mes de escándalos y investigaciones por enriquecimiento ilícito, la mayoría de los ministros han perdido la confianza en él y quieren que renuncie. Sin embargo, reconocen que su salida puede ser un golpe para el Gobierno.
La situación es tensa dentro del Gabinete. Los ministros están divididos entre aquellos que desean que Adorni se vaya inmediatamente y aquellos que consideran que su despido podría tener consecuencias negativas para el Gobierno. La senadora Patricia Bullrich, por ejemplo, ha sido crítica con Adorni desde el principio y cree que es insostenible y imposible de defender. Sin embargo, también reconoce que su salida podría ser un cimbronazo para el Gobierno.
En este contexto, el ministro de Interior, Diego Santilli, intenta mantener la calma y no quedar manchado por la crisis. Su entorno niega que haya malestar con Adorni, pero es obvio que está tratando de evitar cualquier conexión con el escándalo. El objetivo de Santilli es ser gobernador de la provincia de Buenos Aires en las próximas elecciones y no quiere quedar pegado a la crisis.
La ex ministra de Seguridad, Sandra Pettovello, tampoco quiere quedar manchada por el caso Adorni. Se despegó inmediatamente de cualquier sospecha de corrupción y ahora intenta diferenciarse del equipo de Toto Caputo y del ex vocero.
La situación es aún más complicada porque el Gobierno no tiene voceros que puedan hablar en su nombre. La mayoría de los ministros están demasiado ocupados con sus propios problemas para defender al Gabinete, y la falta de voz ha sido un tema recurrente durante esta crisis.
En este momento, el Gobierno está utilizando a voceros no oficiales para salir de esta crisis. Un tuitero de Santiago Caputo, un periodista de buena relación con Milei o Antonio Aracre. El ex jefe de asesores de Alberto Fernández, por su parte, ha oficializado su labor y podría llegar a ser el próximo titular de la Vocería.
La situación es delicada y puede tener consecuencias importantes para el futuro del Gobierno. La pregunta que todos se están haciendo es: ¿qué pasará si Adorni se va? ¿Será un golpe para el Gobierno o una oportunidad para que el país pueda avanzar sin la sombra de la corrupción? Solo el tiempo lo dirá.


